English @liturra

Un año en el río Del agua, lo animal, lo inconcluso y lo perecedero por Luis Iturra Muñoz

¿Qué significa dejar algo inconcluso?

¿Cómo se narra el tiempo que transcurre si aquello nunca llega a concluirse?

¿Cómo se forman los recuerdos de lo que no fue?

¿Por qué lo que no es, afecta lo existente?

En el año 2020, me encontraba terminando un proyecto personal en otro país cuando la pandemia se dejó caer con toda su fuerza. Los estrictos "lockdowns" impuestos por aquel gobierno permitían salir solo por algunas horas y manteniendo la distancia con los demás. Esto afectó mi estado emocional de una forma inusitada. Aunque no fui el único en el mundo, sentí que lo era. El tiempo pasó, y el proyecto que estaba por concluir quedó inconcluso. Regresé a Chile y, con ello, vinieron más encierros, vacunas, extrañezas y desconfianzas. Esta vez, el encierro se proyectó hacia mi infancia y, después de décadas, tuve que trasladarme al sur para reencontrarme con el hogar de mis primeros años. Tras la pandemia, surgió otro encierro: el cuidado de mi madre y el reencuentro con lo perecedero.

"Un año en el río" es un proyecto que documenta lo íntimo y lo banal de un viaje físico y mental, que transcurre desde la antesala de mi retorno a Chile hasta el posterior viaje al sur y el reencuentro con aquello que quedó atrás. "Un año en el río" da cuenta de un periodo de tiempo que bien podría ser un año, o cinco, o diez; es el fluir de lo rutinario, que, en la presencia de los encierros físicos y mentales —la pandemia, la depresión y las intervenciones quirúrgicas—, emerge como momentos registrados. El río funciona como metáfora de ese fluir siempre cambiante, pero también de lo elemental del agua, y de cómo este elemento aparece sin ser buscado en los paisajes de mis encierros, como una guía para leer mis memorias.

De este modo, la muestra trabaja con estos motivos duales: el agua y su fluir; lo animal, desde el cuerpo y el descontrol de la emoción; lo inconcluso, entendido como un encierro del pasado no realizado, pero también como un futuro truncado; y, finalmente, lo perecedero, representado en la decadencia del cuerpo, pero también en la revelación de su presencia en el cuerpo de mi madre.

La exposición se articula en cuatro momentos, reflejados en cada uno de los muros de la sala, mediante cuatro series fotográficas capturadas en instantes de lucidez y tranquilidad durante las salidas diarias: primero, para cuidarme a mí mismo; después, para cuidar a otros. Es en esta recursividad del tiempo donde, cinco años después, estas memorias se reconstruyen en un diario íntimo de lo banal, forjado por los encierros. Podría haberse optado por imágenes que capturaran lo brutal y lo explícito de la realidad; sin embargo, es en esta aparente banalidad, en la ausencia de toda trascendencia, donde estas imágenes construyen la atmósfera afectiva que viaja conmigo desde entonces.

Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14
Página 15
Página 16
Página 18
Página 19
Página 20
Página 21
Página 22
Página 23

Y es

Del aire al aire
del viento al viento
del paso al peso
de la piel a la piel.
De la forma de las cosas al color de las abejas
del sonido de los ojos al despertar de los helechos.
La gravedad no afecta a las plantas
y así me convierto en una,
me vuelvo rama y despierto de madrugada
a recibir el sol.
Entonces se erizan los durmientes de todas las estaciones del tiempo
y de una vez el tren pasa simultáneamente por todas ellas,
tal como el viento que sube por los cerros y baja por los cursos de agua
yo me quedo esperando el verano,
como todos los veranos.
Como si el tiempo se viera en una sola secuencia,
como la de las reglas de superhéroes que cambian de escena al girarlas,
así llega el verano en un parpadeo.
Así espero los veranos,
y los otoños,
y los inviernos,
a que pasen y se vuelvan aire,
viento,
pasos,
peso,
piel.
Y entonces el verano es piel
y el otoño es piel
y el invierno es piel.
Y me recojo bajo los árboles
a recibir la sombra lanzada al aire,
y me quedo inmóvil
y todos nos quedamos inmóviles
y jugamos al muerto
y el muerto soy yo
y tú
y ellos,
y así todos inertes
somos una masa,
y la masa palpita bajo una sola piel
y esa piel es el viento
pero también es la tierra
y también es la tinta que escribe estas palabras
y la tinta se seca al aire
y la tinta es aire
y la tinta es piel
y la piel se seca al aire
y los trenes ya no pasan
y no hay nadie que se seque esperándolos
y así todas las esperas son la misma,
la de trenes que ya no pasan
Entonces escribo
y la palabra es aire
y es tiempo
y es lugar
y es.

Serie I

Lo animal

Serie II

Del agua

Serie III

Lo inconcluso

Serie IV

Lo perecedero